Hoy no me lavé el pelo, parecía limpio. Pero después, al salir de casa, me dí cuenta que estaba sucio. Pero ya era tarde para volver y caminé y caminé con mi pelo sucio. Después pensé: ahora me viene, sí, tiene que venirme y quise volver, pero estaba tan lejos que no pude y sentía como algo caliente entre mis piernas, la sangre, dije, esa sangre maldita que baja. “Señora, señora” me dijo un vendedor mientras me ofrecía repasadores, lo miré con asco, ¿señora” grité ¿señora?, me miré en un espejo y tenía cara de señora, era una cara envejecida de saquito a cuadros. Tuve miedo de haber olvidado un hijo bajo los árboles de alguna plaza, pero no, es un perro lo que yo tengo. A veces parece un hijo.